Ocho de Copas
El Ocho de Copas es una de las tres cartas de «ruptura» que denotan una despedida triste (junto con el Carro, que significa la alegre «salida del héroe» al campo de batalla, y el Seis de Espadas, que simboliza la marcha a lo desconocido, hacia nuevas costas). Indica que la persona está de algún modo implicada en un proceso de despedida del pasado, un período de transición en el que cambian sus metas y prioridades vitales.
El Ocho de Copas es una de las tres cartas de «ruptura» que denotan una despedida triste (junto con el Carro, que significa la alegre «salida del héroe» al campo de batalla, y el Seis de Espadas, que simboliza la marcha a lo desconocido, hacia nuevas costas). Indica que la persona está de algún modo implicada en un proceso de despedida del pasado, un período de transición en el que cambian sus metas y prioridades vitales.
El significado más tradicional del Ocho de Copas es «olvido de los planes anteriores». Lo que hasta hace poco emocionaba e inspiraba («visiones» del Siete de Copas, que precede al Ocho) pierde su atractivo, el interés de la persona por ello se debilita, por alguna razón deja de vivir de ello, comprendiendo que «no es vida». Por lo general, los «cuentos de hadas» del Siete (que pueden ser asuntos amorosos, profesionales o cualquier otro) agotan bastante, resultan emocionalmente costosos, la persona siente que da más de lo que recibe. Y llega un momento en que les da la espalda. Esta carta puede describir también la despedida de una vieja pena, de viejas ideas, vínculos, hábitos.
Es la determinación de emprender un camino espinoso por razones superiores, dejando atrás la vida anterior. Pero qué razones y qué camino, la carta no lo dice; los Arcanos circundantes pueden dar pistas.
Es un «cambio de poder» en la cabeza: la persona toma conciencia de la imposibilidad del camino anterior, por voluntad propia deja algo muy conocido por lo desconocido, cambia unas preocupaciones por otras. Se cree que es un presagio de cambios en la vida que afectarán al consultante de manera tan positiva como negativa pueda percibirlos en el momento actual. Viene una serie de éxitos, pero ahora quizás tenga que sacrificar algo querido al corazón.
La particularidad del Ocho de Copas es que esta decisión es voluntaria, pero se toma con el corazón apesadumbrado en una situación que se siente como sin salida. En el sentido más tradicional, representa el retiro a un monasterio. En la carta, una persona apesadumbrada, apoyada en un bastón, se aleja decidida y resignadamente por una orilla pedregosa, y a sus espaldas quedan ocho copas que simbolizan sus pasados éxitos y triunfos.
A diferencia del Cinco de Copas, aquí nada está volcado, ni derramado; simplemente ha llegado el momento de seguir adelante. Quizás la persona haya encontrado algo extraordinario, pero por alguna razón tiene que renunciar a ello. La capa roja del que se va simboliza una decisión libremente adoptada. Los intereses, afectos, preocupaciones y deseos anteriores quedan abandonados a su suerte; él se va solo por una senda inexplorada en su peregrinaje, porque simplemente no puede quedarse. La resignación al destino se expresa como renuncia al control y a predecir los resultados: ¡sea lo que sea!
El aspecto más importante que describe el Ocho de Copas es que algo se devalúa en aras de otra cosa. Quizás la persona ha tomado conciencia de la precariedad de su vida anterior. Y su segunda particularidad es que esta carta dice: ¡ha llegado la hora! No en vano se representa un eclipse, subrayando la importancia del factor tiempo. En un entorno negativo puede indicar realmente un eclipse, la «hora oscura» de la vida, cuando la situación es desesperada, las fuerzas se han agotado, la batalla está perdida y ya no se quiere nada (fracaso del ego). En un sentido más positivo, la persona se desata del pasado, abandona el pantano habitual y se va al exilio voluntario para evolucionar. Las cartas circundantes dirán el sentido y cuál será el resultado.
Con esta carta nos despedimos de lo que nos desvía del camino apropiado, ya sean personas, actividades, hábitos, para concentrarnos en lo que da verdadero sentido a la vida.
Muestra que debemos abandonar el entorno habitual, separarnos de personas o cosas a las que estamos «apegados» (no siempre en el buen sentido) y emprender un largo viaje hacia un futuro incierto, cambiando el estilo de vida. En cualquier caso, indica que no nos han expulsado; somos nosotros, por propia voluntad, quienes decidimos irnos (otra cosa es que quizás no tuviéramos otra salida). La «pesadez de la despedida» radica en dos aspectos: debemos dejar algo que nos es querido y no sabemos lo que nos espera. Es una carta emocionalmente bastante compleja. El futuro desconocido e impredecible puede percibirse como amenazante (especialmente si cerca aparecen cartas que indican autoprotección como el Nueve de Bastos o el Dos de Espadas).
Crowley hace hincapié en un entorno peligroso para la persona, que de algún modo la envenena y destruye, y ella en general comprende que debe irse. Pero también puede ser simplemente un entorno inerte y rígido que no brinda oportunidades de desarrollo, que no permite desplegar el potencial creativo. Por cierto, el sentido de la carta incluye la posibilidad de que la persona esté ahogándose en un vaso de agua: que no sea tan grave, tan importante ni tan grandioso; lo comprenderá cuando empiece a dar los primeros pasos y vea todo desde más cerca.
Apesadumbrada pero decidida. Aquí pueden dominar dos modos diferentes: o el letargo, el vacío, el cansancio, la incapacidad de movilizarse, o una marcha bastante decidida, aunque triste, por el propio camino, renunciando al pasado. En ambos casos, crisis del género. Ambos estados acentúan a Saturno, pero de diferente manera; lo común es el elemento de abatimiento y desgana.
Caracteriza situaciones de depresión silenciosa, en las que todo se hace contra la voluntad, a pesar de los deseos. Tiene algo del estado de un alcohólico que se está desintoxicando tras un atracón. A menudo funciona el significado de la carta según Crowley (y aquí también hay un regusto depresivo): languidez, pereza, ociosidad. Una tristeza verdosa, con moho.
Según Crowley, el Ocho de Copas «agotado» sigue a la disolución orgiástica y el éxtasis del Siete de Copas. Es una especie de carta de resaca, que indica que en la vida del consultante ha pasado un período en que hubo demasiados placeres, autocomplacencia y entrega a sus pasiones y deseos. Alejarse de lo que se ha agotado en busca de un nuevo camino. Es depresión, quizás dolor por la pérdida, pero también búsqueda de renovación en las profundidades del alma propia.
La carta puede indicar a una persona de carácter contemplativo, que mantiene distancia con todos los que le rodean, pero generalmente eso también tiene su razón. Tiene un pasado que le ha configurado así. Puede parecer timidez, suavidad, apocamiento, modestia, pero no es la indecisión de un novato, sino más bien viejas heridas de quien ha pasado «por todo».
Las aguas del Ocho de Copas son a la vez un gotero y un limpiador para el alma atormentada. Por cierto, aquí hay mucha determinación: a la persona que se va por el Ocho de Copas la guía una fuerza especial, y por muy mal que esté, el llamado del camino y la excitación interior no la dejan tranquila, proporcionándole la energía adecuada (simbolizada por la capa roja). Es la carta de vagabundos y viajeros.
Es el misterio del peregrinaje, de alejarse de la abundancia, la riqueza, los logros anteriores. Es la valentía de «pasar de largo» de lo que en otro momento hubiera disfrutado con gusto, y es una decisión voluntaria en esta situación. Obligatoriedad de la autolimitación, de negarse algo. Manifestación de la fuerza interior en la propia falta de implicación en la situación, retirarse a su propio mundo.
Paciencia, capacidad de decir «adiós» y dejar ir algo: en los viejos diccionarios se esconden tras palabras como pudor, modestia, contención, timidez y castidad. Detrás de ellas se adivinan las imágenes de todas aquellas mujeres u hombres que durante siglos, por diferentes razones, se apartaron del mundo, renunciando a su parte del pastel en la fiesta de la vida. Una antigua interpretación: apartarse de la tentación. La persona prefiere perder lo que podría obtener; antes renunciará y se dará la vuelta que aprovechar la oportunidad que se le brinda.
Por ejemplo, dar la espalda a la copa de amor que le ofrecen e irse por el solitario camino del ermitaño. Por eso uno de los significados tradicionales de la carta son las oportunidades perdidas (en el Cuatro de Copas la persona no las percibe por su actitud, inconscientemente; en el Ocho las ve, pero se va). Las interpretaciones tradicionales insisten en que la persona obtendrá lo que esperaba, incluido el amor, si su propia precaución y timidez no la paralizan por completo. La presencia del Ocho de Copas en la tirada indica que en el momento actual el consultante está inmerso en alguna situación (empresa, relación, proyecto...), y en principio todo va bien, pero está terriblemente inseguro de sí mismo, demasiado tímido para dar los pasos necesarios, y como resultado corre el riesgo de perder lo que en el fondo de su alma desea fervientemente. Aquí es muy importante salir al encuentro de la propia felicidad.
En posición vertical, la carta puede indicar cualidades como la practicidad, el conocimiento del ritual social, la capacidad de estar en armonía con la gente manteniendo la distancia. En los antiguos diccionarios: tendencia a vivir el presente, sin pensar en el pasado.
Con esta carta se asocian personas que prefieren dejarse llevar por la corriente, vagar sin rumbo, buscar «el no sé qué», más raramente viajeros profesionales.
El ocho es el número de la transformación. Se cree que el Ocho de Copas describe la necesidad interna sentida de ir en busca de nuevos estímulos, abandonando una situación estancada. Hay tipos de «armonía» cuya estabilidad es insoportable para la conciencia. La carta describe la exitosa ascensión a una nueva etapa de desarrollo. Y eso no se da gratuitamente, en el plano cotidiano requiere ciertos sacrificios. En la simbología masónica, esta carta encarna al candidato a la iniciación en los misterios, rodeado por los ocho maestros de la Logia. Él dice «adiós» a los bienes mundanos y a los placeres terrenales.
En esencia, es la carta de la Toma de Hábitos. La persona abandona consciente y voluntariamente las tentaciones de la cotidianidad por una senda elevada y estrecha, por la inmersión en el mundo interior. Mucho emparenta esta carta con el Ermitaño, basta mirarla. Es la imagen del caminante con capa que se va por su camino, y la meta superior de este Arcano es la espiritualización en las profundidades de la soledad. La diferencia es que el Ermitaño es más tranquilo e íntegro. No tiene esa determinación abnegada ni esa melancolía que impregna el Ocho de Copas.
Las ocho copas dispuestas parecen un conjunto incompleto, falta algo. Y en algún lugar lejano se esconde lo más importante, invisible (aquí la carta se hace eco del Cuatro de Copas, llevándolo a otra octava). Lo común es el viaje hacia el interior de uno mismo y la búsqueda de la verdad espiritual. Alegóricamente, el Arcano representa la búsqueda (quest): la cabalgata del caballero en pos de su alma (simbolizada por el Grial, la novena copa). Las montañas hablan de la búsqueda de cumbres espirituales, el bastón del caminante es símbolo de voluntad y sabiduría.
Esta carta tiene una marcada relación con la astrología.
En primer lugar, en el cielo aparece un eclipse. Es a la vez un encuentro de lo lunar femenino y lo solar masculino, y un momento fatídico. Si su aparición en la tirada coincide con ese período (o entre eclipses), su significado se agrava, especialmente en el ámbito de la vida personal.
En segundo lugar, se puede suponer que la carta tiene relación con una configuración de aspectos llamada «Hacha» (dos cuadraturas y dos semisesquicuadrados que forman las «hojas») con una cuadratura en la base. Esta configuración inclina a la persona a cortar el «pasado» una y otra vez, alejarse de él a donde sea, empezar de nuevo.
La primera decena de Piscis simboliza la necesidad interior de lo superior y la salida a sensaciones místicas espirituales, a la inspiración que nace cuando la persona entrega su voluntad a lo desconocido. Es una tranquila inmersión en las olas de la vida y una fatal resignación a lo que ocurre, basada en la comprensión de que el proceso vital en conjunto es más sabio que las pretensiones del individuo. Esta decena está regida por el planeta de la predestinación, Saturno (según el sistema moderno, Neptuno, que inclina a la contemplación). Saturno subraya el abandono de los cánones emocionales tradicionales hacia los propios criterios sensoriales, lo que consolida la ruptura emocional definitiva con la antigua concepción del mundo. Las personas de esta decena tienden más a la percepción subjetiva de los eventos, y les caracteriza la afición por lo irreal y la inquietud romántica por cosas que no existen en la realidad objetiva, pero que muy probablemente yacen en el fondo de nuestro inconsciente colectivo.
Esta decena simboliza la senda mística estrictamente individual, por lo que sus representantes a veces se distinguen por la impasibilidad, la reserva, la tendencia a la soledad y al sentimiento de desamparo, así como cierta oscuridad. Pero también es la capacidad de transformarse sin adaptarse, sino permaneciendo uno mismo y sin perder el eje interior. La carta representa a una persona que ha dejado atrás todas sus vivencias y logros internos anteriores —ocho copas llenas— y, con el bastón del caminante, se dirige hacia las oscuras montañas de lo desconocido.
Sobre él, el Sol en conjunción con la Luna: el novilunio simboliza astrológicamente el equilibrio anímico y el comienzo de algo nuevo, mientras que el eclipse solar, por el contrario, los peligros de las profundidades de la vida no iluminadas por la brillante luz de la razón. La carta también puede interpretarse como el descubrimiento de nuevas posibilidades de nuestra psique y de vías para su comprensión racional. Saturno pone a prueba el aislamiento y la independencia, destruye todo lo falso. Si la persona (o la relación entre personas) supera esta prueba, se vuelve extremadamente estable y sólida. Saturno siempre exige la realización de un determinado programa, y por tanto limita la vida emocional.
Luz y sombra (consejo y advertencia)
Consejo: respetar tu pasado, pero dejarlo atrás y encontrar tu propio camino. Abandonar la rutina, que no favorece el crecimiento. Algunas lecciones solo pueden aprenderse lejos de las condiciones habituales y cómodas. Nuevos lugares, personas, eventos ayudarán a ver las cosas desde otro ángulo. Vale la pena renunciar a hábitos, personas, ideas que han llenado la vida durante años y salir al encuentro de lo nuevo. Cambiar el estilo de vida, irse de vacaciones, descansar. Otro consejo de la carta: ganarse el honor, dejar de ser modesto y aferrarse a las oportunidades en lugar de esconderse tímidamente de ellas. Advertencia: no huir de la situación. Puede parecer un paso lógica y moralmente justificado, casi heroico, pero en realidad es solo el camino de menor resistencia. «Quien ama, no reniega». No es momento de renunciar a lo habitual (o a las propias intenciones) e irse a donde sea, donde supuestamente la hierba es más verde. «Más vale malo conocido...» y «lo mejor es enemigo de lo bueno».
Ambiente laboral pesado, falta de motivación, abatimiento, acumulación de dificultades. Estancamiento en los asuntos, sensación de «pantano».
Todo se hace contra la voluntad y a pesar de los deseos.
Necesidad de salir de una situación desesperada, dejar un trabajo que la persona ya ha superado (o que nunca le gustó).
A veces, obstrucción, mobbing, acoso laboral que obliga a dimitir (para eso deben haber otras indicaciones, la más elocuente de las cuales es, sin duda, el Cinco de Espadas). Cambio de poder en la organización.
Necesidad de renunciar a expectativas incumplidas y plantearse nuevos objetivos. Empresa desesperada: prometía mucho, pero a la hora de la verdad resultó ser una completa tontería. A veces la cuestión es que el asunto en discusión no es tan importante como parece. Las acciones emprendidas revelarán su escaso valor real, tras lo cual se podrá cambiar de enfoque respecto a este «gran problema».
Algunos autores tienden a interpretar el Ocho de Copas optimistamente, como una señal de que el consultante logrará realizar lo planeado sin especial dificultad, con ayuda de compañeros y conocidos. Cambio de profesión, de actividad.
Por el Ocho de Copas también se da el año sabático.
Con esta carta, la gente abandona el hogar, se despide de lo habitual. Deshacerse de empresas no rentables, viviendas excesivamente caras, proyectos, incluso queridos pero no rentables.
Crisis, fin de la prosperidad y la abundancia, decadencia, estancamiento, recesión. A veces son intentos de aferrarse a algo ya destruido, conservar los restos de un antiguo lujo.
¡Cuántas situaciones y matices refleja esta carta! Saber cuál de ellos es el más relevante en una tirada concreta, esa es la cuestión.
En el Ocho de Copas, el héroe dice «¡Adiós!» a sus esperanzas y se va al exilio voluntario, apesadumbrado. No solo quiere marcharse, sino que cree que debe hacerlo. Cada paso le duele, pero es necesario y justificado.
Es una carta difícil en el ámbito de las relaciones personales, y aquí son posibles diferentes escenarios, pero casi todos comparten un mismo sentido: el fracaso de una unión condenada de antemano. La diferencia está solo en lo mucho que esa unión era valiosa para la persona, en lo dramática que sea la separación. Esta carta aparece regularmente cuando surge el tema del fin de una relación, y se aconseja considerarla como una señal de que no tiene sentido aferrarse a lo que ya no existe. Lo mejor que se puede intentar es terminar la relación en un tono agradable.
Porque ha llegado el momento de otra cosa. «El momento ha llegado»: es el símbolo del eclipse representado en esta carta. No entusiasma, más bien hay que dar la espalda con pesar a algo maravilloso que, nuevamente, NO ES EL MOMENTO.
Un caso bastante típico es la separación por distancia o por mudanza. También suele darse la situación de «el tercero debe irse». Es muy posible que con esta carta haya en la vida de la persona encuentros secretos con alguien con quien no puede reunirse abiertamente (por ejemplo, porque él mismo y/u otras personas son casados). Pero parece que bajo esa relación, por mucho que ambos lo sientan, se va a poner fin. Las observaciones muestran que en tal situación suele conservarse la unión legalizada o que existía antes de la aparición del «tercero», aunque emocionalmente más intensa fuera precisamente esa otra relación. Aquí de nuevo actúa ese significado: se encontró algo hermoso, pero hay que renunciar a ello.
Más raramente, simplemente es un distanciamiento e insatisfacción con la relación.
En tercer lugar, puede ser un paso decidido hacia un nuevo camino, sin especial entusiasmo, pero la insuficiencia de la vida anterior es clara para la persona. Puede ser tanto la entrada en un monasterio para un libertino, como la entrada en matrimonio a regañadientes para quien lo ha evitado mucho tiempo. La persona dice «adiós» a sus antiguos placeres y esperanzas, sabiendo que así debe ser. El Ocho de Copas se da cuando la persona rompe con su vida anterior, bastante alegre y satisfactoria, para emprender un camino del que no espera gran cosa, más bien por sentido del deber, pero ese deber se entiende de manera íntima y profunda. Lo hace seria y resignadamente: se ha decidido, hay que hacerlo. El matrimonio puede percibirse como un monasterio («el temerario libertino toma los hábitos»). En adelante, nada de relaciones esporádicas (uno de los antiguos significados de la carta es modestia, rectitud y decoro).
La entrega total a la pareja es el resultado de un enorme impacto sobre la persona, ya sea interno (transformación seria) o externo. Es un indicador de una persona que se deshace de sus viejos vínculos. Asume nuevas obligaciones y se acostumbra poco a poco a la nueva forma de vida.
El Ocho de Copas es una carta de sentimientos pesados e inertes. Hasta cierto punto, incluso es bueno que se refiera a relaciones ya terminadas y exprese la tristeza por lo perdido, separado, ausente. Pero si la relación (matrimonio) está presente, es un significador de su considerable desesperanza.
Refleja la impotencia de la persona en la situación actual, las esperanzas defraudadas, la desilusión, el abatimiento, el agotamiento emocional... y el estancamiento. Las dificultades que se avecinan le hacen comprender que son necesarios cambios, pero realizarlos significa irse, y precisamente eso es lo que le falta. ¡No hay motivo aparente! El pantano parece bastante decente. El contenido de esta carta en general tiende al «letargo»: y puede entumecerse tanto un corazón que ha sufrido una separación como un corazón que no se atreve a sufrirla. Aquí hay, de una u otra manera, un fuerte elemento de bloqueo emocional de los sentimientos.
Una magnífica descripción del Ocho de Copas la ofrece Hajo Banzhaf: «El agua de las emociones está estancada, sin que ninguna fuente la renueve. Comienza a pudrirse y las nieblas de la corrupción ascienden a los cielos, eclipsando la luz de la claridad. Los dos lotos que quedan siguen emanando sus energías. Pero en esta situación son intentos vanos. El agua estancada y podrida engulle enseguida esa escasa cantidad de frescura y vitalidad. Se hunde en un pantano lento y viscoso. Ya has gastado bastante energía en personas que no dan nada a cambio. Las llenabas con tu energía, pero eran como barriles sin fondo. Te sientes vacío y agotado. Esta imagen habla de una situación interpersonal y puede ser un viejo patrón de conducta: dirigir siempre tu amor hacia personas de las que no recibes nada a cambio. Cuanto más intentas avivar una relación atascada en una rutina, más débil y vacío te sientes. Es hora de reflexionar sobre ti mismo, establecer ciertos límites y decir «No».
En el matrimonio, es la carta del éxito incompleto y el pesar, cierta desilusión con la vida familiar. Tanto a él como a ella les parece que les falta algo, algo insustituiblemente importante. Como si en algún lugar lejano —o quizás muy cerca— se escondiera una copa más, la más importante, la que justamente falta para la felicidad plena. La persona misma lo intuye, una fuerza interna, una excitación interior no la deja en paz. Invertida significa que el error ya está cometido, y quizás sea hora de pensar en cómo cambiar la actitud ante la vida, aprendiendo a valorar lo que se tiene.
El significado más optimista de esta carta en el ámbito de las relaciones amorosas son las dificultades que se superan mediante la paciencia y el tacto, es decir, el ajuste mutuo de dos fuertes individualidades. Algunos autores consideran que en el nivel del Ocho de Copas, la emoción ya bien consciente, que ha adoptado formas suficientemente concretas, pasa a coordinarse con la lógica, con la razón, es decir, hay una combinación armoniosa de deseos y pasiones con el entendimiento. Es una situación en la que el amor no perjudica los negocios, y las relaciones laborales no perjudican al amor.
El Ocho de Copas, cuando aparece al adivinar sobre la relación con la pareja (o simplemente la persona que interesa), predice un período de enfriamiento: esta carta es una señal de que es mejor posponer todos los asuntos personales «para más adelante», hasta un momento más oportuno.
La pertinencia de la autocuración con esta carta es evidente.
Indica agotamiento, falta de energía, carencia de fuerzas vitales y una clara necesidad de descanso. Hay que cambiar de aires: el actual ha exprimido a la persona hasta el fondo. Unas vacaciones en un balneario de mar o montaña pueden tener un papel positivo. Se cree que el agua de la carta recuerda el poder curativo del mar.
Lo peor que describe el Ocho de Copas son las tendencias suicida-depresivas, cuando la vida no es agradable, pero da pereza acabar con ella. Puede indicar la intención de quitarse la vida (por supuesto, al interpretar hay que tener en cuenta el contexto).
Tristeza, depresión, vacío. Diversas formas de escapismo, huida de la realidad (entre las que destacan los métodos narcóticos). Intentos de llenar los «abismos insondables» del alma vacía con comida excesiva, compras o coleccionando parejas ocasionales. Mary Greer señala el insomnio y el sonambulismo.
A veces, virus, en general un entorno malsano en el que se encuentra la persona.
Antigua interpretación extremadamente positiva: gran felicidad, enorme alegría, éxito arrollador, fiesta, placer, diversión, satisfacción. La mayoría de las veces todo esto se refiere a un evento que el consultante conocía o ya esperaba. Es algo así como la alegría bíblica del pastor que encuentra en la ladera de la montaña la oveja descarriada. Fiestas, regocijos, entretenimientos.
Esta carta puede indicar regalos inesperados, y bastante serios (Escorpio, signo que no se anda con pequeñeces). No se descarta el deseo de hacer un regalo a alguien. En general, en las interpretaciones se subraya el deseo de éxitos materiales para fines elevados (por ejemplo, ganar dinero para ayudar a alguien o alegrar a alguien).
Aparición de una nueva esfera de actividad.
Nueva relación amorosa (no se descarta que por inercia, como rebote de la anterior —la carga emocional tras la ruptura permanece y se dirige a un nuevo objeto). Amor hacia quienes se han ido.
Los tarotistas modernos, sin embargo, consideran que la energía del Ocho de Copas invertido dificulta el camino posterior; las emociones y los deseos insatisfechos no permiten irse y dejar atrás lo anterior (por ejemplo, no hay manera de deshacer el nudo de una relación agotada). Quizás aún no ha llegado el momento. Quizás la persona ya cometió un error al alejarse de lo que no debía dejar y no valorar lo que se le había dado.
La carta puede significar renunciar a unas vacaciones o a un viaje. También con ella se dan «viajes a ninguna parte», caminos que no llevan a ningún sitio. Por ejemplo, la persona no soporta el sistema, las limitaciones, se deja llevar por la corriente, pero solo siente desesperanza, falta de rumbo y decadencia. Uno de los significados de la carta es la expiación, el pago de deudas.
Con la Sacerdotisa: ruptura de la relación.
Con el Ermitaño: refuerzo de la influencia, búsqueda de sentido profundo, estado comparable a la toma de hábitos, retiro a un monasterio (al menos temporal). Ruptura de la relación, irse por su propio camino.
Con La Fuerza: entereza interior, fuerza de la decisión tomada, confrontación con algún hábito, intento de vencer una adicción.
Con La Muerte: marcha, separación.
Con el Diablo: la persona se encamina a la disolución debido a malos hábitos, o es arrastrada por ideas peligrosas (como entrar en una secta).
Con el Sol: esta carta debilita la influencia del Ocho de Copas.
Con el Tres de Bastos: viaje, entrada en territorio nuevo, apertura de nuevos horizontes.
Con el Ocho de Bastos: fin de una etapa vital, las cartas se potencian mutuamente.
Con el Nueve de Bastos: perseverancia, confianza (cercano a la combinación con La Fuerza).
Con el Seis de Espadas: significado que se refuerza mutuamente.
Con el Diez de Espadas: quema de puentes, marcha sin retorno, suicidio.
Invertida con el Tres de Copas: el deudor pagará la deuda.
Destrucción de Sodoma y Gomorra (según Banzhaf y Akron)
Jane Eyre, que abandona Thornfield a escondidas y se va a errar.
Pantano, atasco
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