Cuatro de Oros
Obsesivo, receloso y posesivo, parecido al que sentimos en el aeropuerto o la estación, preocupados por la seguridad de nuestro equipaje. Es la carta del control y la preocupación. Cuando aparece el Cuatro de Oros, hay miedo por la existencia, una gran ansiedad latente y una aguda necesidad de protección. Expresa desconfianza, terquedad y una enorme falta de voluntad para arriesgar lo más mínimo.
Toda la energía se gasta en mantener el statu quo (nada se va, pero tampoco puede venir nada). Vamos dando vueltas, aferrándonos a la situación actual por el afán de estabilidad y seguridad, que se ha convertido casi en una obsesión.
La persona del Cuatro de Oros no suelta sus maletas —y tampoco soltaría una maleta sin asa. En ese sentido, es como una fortaleza inmóvil. «Avaro de primera», es lo que uno quiere decir. Teme caer en la pobreza en la vejez. Teme perder lo que sea (si además está el Nueve de Espadas, el pánico es total).
Le caracteriza temblar por su dinero, si es empresario; por sus seres queridos, si es padre de familia; por su puesto en la compañía, si es artista (y ser el principal solo intensifica sus miedos)... se podría seguir indefinidamente. Es posible que en este momento el consultante se esté defendiendo de algún ataque. Con esta carta, la persona tiende a ser extremadamente cautelosa en todo, temblando por sus posesiones, tal como él las entiende.
Describe el egoísmo, la avaricia, la estrechez de miras, la mezquindad, y de qué se trate —dinero, relaciones, etc.— es otra cuestión. La fidelidad a los propios hábitos, la falta de voluntad para cambiar nada, es una de las claves principales de esta carta. «Cruzado de sus principios», o más exactamente, «tanque» (caparazón, visión estrecha, limitación, y obsesión con su «misión de combate»).
Poder y enfoque inflexible en la lucha por el orden, la estabilidad y la estructura en la vida. Mantener esos estándares parece más importante que la alegría y la humanidad. La persona del Cuatro de Oros tiene carácter, aunque bastante desagradable, y sabe lo que quiere y lo que no quiere, a veces demasiado bien, y al final todo se reduce a servirse a sí mismo.
Lo mejor que puede dar esta carta es la practicidad y el talento organizativo dentro de límites no muy amplios, la capacidad de contar solo con uno mismo, el logro de la seguridad material y la capacidad de enfrentarse a cualquier situación vital difícil manteniendo el control. Lo peor: la miseria de la codicia, que se expresa en la desconfianza total hacia los demás, la reducción de todo a dinero y la disposición a cualquier vileza en aras de los propios intereses.
Además, a esta persona le falta compasión y nobleza, que justifica con pretextos plausibles («tengo familia e hijos», «lo gané con mi trabajo duro y no pienso compartirlo con nadie», etc.). En medio de estos estados se sitúa una cautela exagerada, que puede adoptar formas muy diversas («los héroes normales siempre van por el lado seguro» con el Siete de Espadas, «qué miedo da vivir» con la Luna, etc.). Caracteriza a una persona que se mantiene firme sobre sus pies, pero al mismo tiempo conservadora hasta la timidez: teme dar el más mínimo paso al costado, con tal de no introducir nada nuevo en su vida, es decir, desconocido.
Esta carta puede «acechar» también a una persona creativa (por cierto, uno de sus significados es el talento hereditario). En ese caso, puede indicar que se aferra a sus laureles o a su estilo habitual de trabajo, le cuesta confiarse a la corriente y bloquea sus propias capacidades creativas dentro de la rutina. Puede ser también obsesión con una idea fija, no necesariamente material. Aunque en realidad no es raro que esta carta describa esa específica degradación de la conciencia que alcanza a la persona si se preocupa de la mañana a la noche solo por sus asuntos económicos (ya sea «el pan nuestro de cada día» o transacciones inmobiliarias de lujo): los intereses se reducen catastróficamente, la psique deja de reaccionar a los estímulos inmateriales, y el menosprecio por todo lo que no sean los propios intereses, conocido popularmente como egoísmo, florece exuberante. Con la persona del Cuatro de Oros no se puede negociar para arriesgarse ni para tomar una copa de champán (¡habría que pagarlo!).
Cartas del mismo grupo

As de Oros

Dos de Oros

Tres de Oros

Cinco de Oros

Seis de Oros

Siete de Oros

Ocho de Oros

Nueve de Oros

Diez de Oros

Sota de Oros

Caballo de Oros

Reina de Oros
